DIEGO SAAVEDRA FAJARDO


Posiblemente nació en Algezares (Murcia -España-), el 6 de Mayo de 1584. Estudia en el Seminario de San Fulgencio y en 1600 marcha a continuar sus estudios de Jurisprudencia y Cánones en Salamanca. En 1610 parte a Italia como diplomático para defender los intereses españoles. En el año 1612 se edita su importante obra, «República literaria». En ella el autor nos presenta todo lo que el saber humano había producido y adquirido en los libros hasta su época. En 1640 publica su más famosa obra, la titulada «Idea de un príncipe político cristiano representada en cien Empresas». Se trata de un manual de educación de príncipes, en concreto dirigido al príncipe Baltasar Carlos aunque no figure así en la dedicatoria. Pero Saavedra Fajardo traza su libro didáctico basándose en el deseo de mostrar con los ojos lo que el espíritu no puede ver, por eso la obra está dividida en "empresas". Estas constan de un dibujo o emblema y el simbolismo o doctrina moral que aquel encierra, que se desarrolla como si fuera un capítulo. De las "empresas" destacamos como más célebres los capítulos relacionados con: Educación, Conducta personal, Gobierno de los Estados, Victorias y Tratados de Paz y Vejez y muerte.

Educación del príncipe

Empresa 1
Desde la cuna da señas de sí el valor. Hinc labor et virtus
Nace el valor, no se adquiere. Calidad intrínseca es del alma, que se infunde con ella y obra luego. Aun el seno materno fue campo de batalla a dos hermanos valerosos. El más atrevido, si no pudo adelantar el cuerpo, rompió brioso las ligaduras, y adelantó el brazo, pensando ganar el mayorazgo. En la cuna se ejercita un espíritu grande. La suya coronó Hércules con la vitoria de las culebras despedazadas. Desde allí le reconoció la envidia, y obedeció a su virtud la fortuna. Un corazón generoso en las primeras acciones de la naturaleza y del caso descubre su bizarría.

Empresa 2
Y puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia
Esta buena educación es más necesaria en los príncipes que en los demás, porque son instrumentos de la felicidad política y de la salud pública. En los demás es perjudicial a cada uno o a pocos la mala educación. En el príncipe, a él y a todos, porque a unos ofende con ella, y a otros con su ejemplo. Con la buena educación es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella el más feroz de todos los animales. ¿Qué será, pues, un príncipe mal educado, y armado con el poder? Los otros daños de la república suelen durar poco. Este lo que dura la vida del príncipe. Reconociendo esta importancia de la buena educación, Filipo, rey de Macedonia, escribió a Aristóteles (luego que le nació Alejandro) que no daba menos gracias a los dioses por el hijo nacido, cuanto por ser en tiempo que pudiese tener tal maestro.

Empresa 3
Fortaleciendo e ilustrando el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus
Con la asistencia de una mano delicada, solícita en los regalos del riego y en los reparos de las ofensas del sol y del viento, crece la rosa, y, suelto el nudo del botón, extiende por el aire la pompa de sus hojas. Hermosa flor, reina de las demás. Pero solamente lisonja de los ojos y tan achacosa, que peligra en su delicadez. El mismo sol que la vio nacer, la ve morir, sin más fruto que la ostentación de su belleza, dejando burlada la fatiga de muchos meses, y aun lastimada tal vez la misma mano que la crió, porque tan lasciva cultura no podía dejar de producir espinas. No sucede así al coral, nacido entre los trabajos, que tales son las aguas, y combatido de las olas y tempestades, porque en ellas hace más robusta su hermosura, la cual, endurecida después con el viento, queda a prueba de los elementos para ilustres y preciosos usos del hombre. Tales efectos, contrarios entre sí, nacen del nacimiento y crecimiento de este árbol y de aquella flor, por lo mórbido o duro en que se criaron. Y tales se ven en la educación de los príncipes, los cuales, si se crían entre los armiños y las delicias, que ni los visite el sol ni el viento, ni sientan otra aura que la de los perfumes, salen achacosos e inútiles para el gobierno, como al contrario robusto y hábil quien se entrega a las fatigas y trabajos.

Empresa 4
Y el ánimo con las ciencias. Non solum armis
Para mandar es menester ciencia; para obedecer basta una discreción natural y a veces la ignorancia sola. En la planta de un edificio trabaja el ingenio. En la fábrica, la mano. El mando es estudioso Y perspicaz. La obediencia, casi siempre ruda y ciega. Por naturaleza manda el que tiene mayor inteligencia. El otro, por sucesión, por elección o por la fuerza, en que tiene más parte el caso que la razón. Y así, se deben contar las ciencias entre los instrumentos políticos de reinar. A Justiniano le pareció que no solamente con armas, sino también con leyes había de estar ilustrada la majestad imperial, para saberse gobernar en la guerra y en la paz.
Cómo se ha de haber el príncipe en sus acciones

Empresa 7
Reconozca las cosas como son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones. Auget et minuit. [Affectibus crescunt, decrescunt]
Nacen con nosotros los afectos, y la razón llega después de muchos años, cuando ya los halla apoderados de la voluntad, que los reconoce por señores, llevada de una falsa apariencia de bien, hasta que la razón, cobrando fuerzas con el tiempo y la experiencia, reconoce su imperio, y se opone a la tiranía de nuestras inclinaciones y apetitos. En los príncipes tarda más este reconocimiento, porque con las delicias de los palacios son más robustos los afectos. Y, como las personas que les asisten aspiran al valimiento, y casi siempre entra la gracia por la voluntad, y no por la razón, todos se aplican a lisonjear y poner acechanzas a aquélla y deslumbrar a ésta. Conozca, pues, el príncipe estas artes, ármese contra sus afectos y contra los que se valen de ellas para gobernarle.

Empresa 8
Ni la ira se apodere de la razón. Prae oculis ira
Considerada anduvo la naturaleza con el unicornio. Entre los ojos le puso las armas de la ira. Bien es menester que se mire a dos luces esta pasión tan tirana de las acciones, tan señora de los movimientos del ánimo. Con la misma llama que levanta, se deslumbra. El tiempo solamente la diferencia de la locura. En la ira no es un hombre el mismo que antes, porque con ella sale de sí. No la ha menester la fortaleza para obrar, porque ésta es constante, aquélla varia; ésta sana, y aquélla enferma. No se vencen las batallas con la liviandad y ligereza de la ira. Ni es fortaleza la que se mueve sin razón. Ninguna enfermedad del ánimo más contra el decoro del príncipe que ésta, porque el airarse supone desacato u ofensa recibida; ninguna más opuesta a su oficio, porque ninguna turba más la serenidad del juicio, que tan claro le ha menester el que manda. El príncipe que se deja llevar de la ira, pone en la mano de quien le irrita las llaves de su corazón, y le da potestad sobre sí mismo. Si tuviera por ofensa que otro le descompusiese el manto real, tenga por reputación que ninguno le descomponga el ánimo. Fácilmente le descubrirían sus designios y prenderían su voluntad las acechanzas de un enojo.

Empresa 9
O le conmueva la envidia, que de sí misma se venga. Sui vindex
Con propio daño se atreve la envidia a las glorias y trofeos de Hércules. Sangrienta queda su boca cuando pone los dientes en las puntas de su clava. De sí misma se venga. Parecida es al hierro, que con la sangre que vierte se cubre de robín y se consume. Todos los vicios nacen de alguna apariencia de bien o delectación. Este, de un íntimo tormento y rencor del bien ajeno. A los demás les llega después el castigo. A éste, antes. Primero se ceba la envidia en las entrañas propias que en el honor del vecino. Sombra es de la virtud. Huya su luz quien la quisiere evitar. El sacar a los rayos del sol sus ojos el búho causa emulación y envidia a las demás aves. No le persiguieran, si se encerrara en el olvido y sombras de la noche. Con la igualdad no hay competencia. En creciendo la fortuna de uno, crece la envidia del otro. Semejante es a la cizaña que no acomete a las mieses bajas, sino a las altas cuando llevan fruto. Y así, desconózcase a la fama, a las dignidades y a los oficios el que se quisiere desconocer a la envidia. En la fortuna mediana son menores los peligros.

Cómo se ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados

Empresa 60
Advirtiendo el príncipe que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar
La saeta impelida del arco, o sube o baja, sin suspenderse en el aire, semejante al tiempo presente, tan imperceptible, que se puede dudar si antes dejó de ser que llegase; como los ángulos en el círculo, que pasa el agudo a ser obtuso sin tocar en el recto. El primer punto de la consistencia de la saeta lo es de su declinación. Lo que más sube, más cerca está de su caída. En llegando las cosas a su último estado, han de volver a bajar sin detenerse. En los cuerpos humanos lo notó Hipócrates, los cuales, en no pudiendo mejorarse, no pueden subsistir, y es fuerza que empeoren. Ninguna cosa permanente en la Naturaleza. Esas causas segundas de los cielos nunca paran, y así tampoco los efectos que imprimen en las cosas, a que Sócrates atribuyó las mudanzas de las repúblicas. No son las monarquías diferentes de los vivientes o vegetables. Nacen, viven y mueren como ellos, sin edad firme de consistencia. Y así, son naturales sus caídas. En no creciendo, descrecen. Nada interviene en la declinación de la mayor fortuna. El detenerla en empezando a caer es casi imposible. Más dificultoso es a la majestad de los reyes bajar del sumo grado al medio, que caer del medio al ínfimo. Pero no suben y caen con iguales pasos las monarquías, porque las mismas partes con que crecieron les son después de peso, el cual con mayor inclinación y velocidad baja, apeteciendo el sosiego del centro. En doce años levantó Alejandro su monarquía, y cayó en pocos, dividida en cuatro señoríos, y después en diversos.

Empresa 61
Reconozca sus cuerdas y procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant
Forma el arpa una perfecta aristocracia, compuesta del gobierno monárquico y democrático. Preside un entendimiento, gobiernan muchos dedos, y obedece un pueblo de cuerdas, todas templadas y todas conformes en la consonancia, no particular, sino común y pública, sin que las mayores discrepen de las menores. Semejante a la arpa es una república, en quien mel largo uso y experiencia dispuso los que habían de gobernar y obedecer, estableció las leyes, constituyó los magistrados, distinguió los oficios, señaló los estilos y perfeccionó en cada una de las naciones el orden de república más conforme y conveniente a la naturaleza de ellas. De donde resulta que con peligro se alteran estas disposiciones antiguas. Ya está formada en todas partes la arpa de los reinos y repúblicas, y colocadas en su lugar las cuerdas. Y, aunque parezca que alguna estaría mejor mudada, se ha de tener más fe de la prudencia y consideración de los predecesores, enseñados del largo uso y experiencia; porque los estilos del gobierno, aunque tengan inconvenientes, con menos daño se toleran que se renuevan. El príncipe prudente temple las cuerdas, así como están. Y no las mude, si ya el tiempo y los accidentes no las descompusieren tanto, que desdigan del fin con que fueron constituidas, como decimos en otra parte. Por lo cual es conveniente que el príncipe tenga muy conocida esta arpa del reino, la majestad que resulta dél, y la naturaleza, condición e ingenio del pueblo y del palacio, que son sus principales cuerdas, porque, como dice el rey don Alonso el Sabio en una ley de las Partidas: «Saber conozer los omes, es una de las cosas de que el rey más se debe trabajar; ca pues que con ellos ha de fazer todos sus fechos, menester es que los conozca bien». En esto consisten las principales artes de reinar.

Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados

Empresa 73
Las sediciones se vencen con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt
Ocultas son las enfermedades de las repúblicas. No hay juzgarlas por su buena disposición, porque lasque parecen más robustas suelen enfermar y morir de repente, descubierta su enfermedad cuando menos se pensaba; bien así como los vapores de la tierra, los cuales no se ven hasta que de ellos están formadas las nubes. Por esto conviene mucho la atención del príncipe para curarlas en sus principios, no despreciando las causas por ligeras o remotas, ni los avisos, aunque más parezcan opuestos a la razón. ¿Quién podrá asegurarse de lo que tiene en su pecho la multitud? Cualquier accidente le conmueve, y cualquier sombra de servidumbre o mal gobierno le induce a tomar las armas y maquinar contra su príncipe. Nacen las sediciones de causas pequeñas y después se contiende por las mayores. Si se permiten los principios, no se pueden remediar los fines. Crecen los tumultos como los ríos. Primero son pequeños manantiales, después caudalosas corrientes. Por no mostrar flaqueza los suele dejar correr la imprudencia, y a poco trecho no los puede resistir la fuerza. Al empezar, o cobran miedo o atrevimiento. Estas consideraciones tuvieron suspenso a Tiberio cuando un esclavo se fingió Agripa, y empezó a solevar el imperio, dudando si le castigaría o dejaría que aquella ligera credulidad se desvaneciese con el mismo tiempo. Ya le parecía que nada se había de despreciar, ya que no todo se había de temer, y estaba suspenso entre la vergüenza y el miedo. Pero, al fin, se resolvió al remedio. Verdad es que algunas veces es tal el raudal de la multitud, que conviene aguardar a que en sí mismo se quiebre y resuelva, principalmente en las guerras civiles, cuyos principios rige el caso, y después los vence el consejo y la prudencia. La experiencia enseña muchos medios para sosegar las alteraciones y disensiones de los reinos. El caso también los ofrece, y la misma inclinación del tumulto los enseña, como sucedió a Druso cuando, viendo a las legiones arrepentidas de su motín, por haber tenido a mal agüero un eclipse de la luna que se ofreció entonces, se valió dél para quietarlas, como hizo en otra ocasión Hernán Cortés. No se desechen estos medios por leves, porque el pueblo con la misma ligereza que se alborota, se aquieta. Ni en lo uno ni en lo otro obra la razón. Un impulso ciego le arrebata y una sombra vana le detiene. Todo consiste en saber coger el tiempo a su furia. En ella sigue el vulgo los extremos: o teme o se hace temer. Quien quisiere enfrenarle con una premeditada oración perderá el tiempo. Una voz amorosa o una demostración severa le persuade mejor.

Empresa 74
La guerra se ha de emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis
Los animales solamente atienden a la conservación de sus individuos. Y, si tal vez ofenden, es en orden a ella, llevados de la ferocidad natural, que no reconoce el imperio de la razón. El hombre, al contrario, altivo con la llama celestial que le anima y hace señor de todos y de todas las cosas, suele persuadirse que no nació para solo vivir, sino para gozarlas fuera de aquellos límites que le prescribe la razón. Y, engañada su imaginación con falsas apariencias de bien, le busca en diversos objetos, constituyendo en ellos su felicidad. Unos hombres piensan que consiste en las riquezas. Y otros, en las delicias. Otros, en dominar a los demás hombres. Y cada uno, en tan varias cosas, como son los errores del apetito y de la fantasía. Y para alcanzarlas y ser felices aplican los medios que les dicta el discurso vago e inquieto, aunque sean injustos. De donde nacen los homicidios, los robos y las tiranías, y el ser el hombre el más injusto de los animales. Con que, no estando seguros unos hombres de otros, se inventaron las armas para repeler la malicia con la fuerza y conservar la inocencia y libertad, y se introdujo en el mundo la guerra. Este nacimiento tuvo, si ya no nació del infierno, después de la soberbia de aquellas primeras luces intelectuales. Tan odiosa es la guerra a Dios, que, con ser David tan justo, no quiso que le edificase el templo, porque había derramado mucha sangre. Los príncipes prudentes y moderados la aborrecen, conociendo la variedad de sus accidentes, sucesos y fines. Con ella se descompone el orden y armonía de la república, la religión se muda, la justicia se perturba, las leyes no se obedecen, la amistad y parentesco se confunden, las artes se olvidan, la cultura se pierde, el comercio se retira, las ciudades se destruyen y los dominios se alteran.


Índice
Educación del príncipe

Empresa 1
Desde la cuna da señas de sí el valor. Hinc labor et virtus

Empresa 2
Y puede el arte pintar como en tabla rasa sus imágenes. Ad omnia

Empresa 3
Fortaleciendo e ilustrando el cuerpo con ejercicios honestos. Robur et decus

Empresa 4
Y el ánimo con las ciencias. Non solum armis

Empresa 5
Introducidas en él con industria suave. Deleitando enseñan

Empresa 6
Y adornadas de erudición. Politioribus ornatur litterae. [Hor il scetro, hor il pletro]
Cómo se ha de haber el príncipe en sus acciones

Empresa 7
Reconozca las cosas como son, sin que las acrescienten o mengüen las pasiones. Auget et minuit. [Affectibus crescunt, decrescunt]

Empresa 8
Ni la ira se apodere de la razón. Prae oculis ira

Empresa 9
O le conmueva la envidia, que de sí misma se venga. Sui vindex

Empresa 10
Y resulta de la gloria y de la fama. Fama nocet

Empresa 11
Sea el príncipe advertido en sus palabras, por quien se conoce el ánimo. Ex pulsu noscitur

Empresa 12
Deslumbre con la verdad la mentira. Excaecat candor

Empresa 13
Teniendo por cierto que sus defectos serán patentes a la murmuración. Censurae patent

Empresa 14
La cual advierte y perfecciona. Detrabit et decorat

Empresa 15
Estime más la fama que la vida. Dum luceam, percam

Empresa 16
Cotejando sus acciones con las de sus antecesores. Purpura iuxta purpuram

Empresa 17
Sin contentarse de los trofeos y glorias heredadas. Alienis spoliis

Empresa 18
Reconozca de Dios el cetro. A Deo

Empresa 19
Y que ha de restituirle al sucesor. Vicissim traditur

Empresa 20
Siendo la Corona un bien falaz. Bonum fallax

Empresa 21
Con la ley rija y corrija. Regit et corrigit. [His artibus]

Empresa 22
Con la justicia y la clemencia afirme la majestad. Praesidia Maiestatis

Empresa 23
Sea el premio precio del valor. Pretium virtutis

Empresa 24
Mire siempre al norte de la verdadera religión. Immobilis ad immobile numen

Empresa 25
Poniendo en ella la firmeza y seguridad de sus Estados. Hic tutior

Empresa 26
Y las esperanzas de sus victorias. In hoc signo

Empresa 27
No en la falsa y aparente. Specie religionis

Empresa 28
Consúltese con los tiempos pasados, presentes y futuros. Quae sint, quae fuerint, quae mox futura sequantur

Empresa 29
Y no con los casos singulares que no vuelven a suceder. Non semper tripodem

Empresa 30
Sino con la experiencia de muchos, que fortalecen la sabiduría. Fulcitur experientiis

Empresa 31
Ellos le enseñarán a sustentar la Corona con la reputación. Existimatione nixa

Empresa 32
A no depender de la opinión vulgar. Ne te quaesiveris extra

Empresa 33
A mostrar un mismo semblante en ambas fortunas. Siempre el mismo

Empresa 34
A sufrir y esperar. Ferendum et sperandum

Empresa 35
A reducir a felicidad las adversidades. Interclusa respirat

Empresa 36
A navegar con cualquier viento. In contraria ducet

Empresa 37
A elegir de dos peligros el menor. Minimuni eligendum
Cómo se ha de haber el príncipe con los súbditos y extranjeros

Empresa 38
Hágase amar y temer de todos. Con halago y con rigor

Empresa 39
Siendo ara expuesta a sus ruegos. Omnibus

Empresa 40
Pese la liberalidad con el poder. Quae tribuunt, tribuit

Empresa 41
Huya de los extremos. Ne quid nimis

Empresa 42
Mezclándolos con primor. Omne tulit punctum

Empresa 43
Para saber reinar, sepa disimular. Ut sciat regnare

Empresa 44
Sin que se descubran los pasos de sus designios. Nec a quo nec ad quem

Empresa 45
Y sin asegurarse en fe de la majestad. Non Maiestate securus

Empresa 46
Reconozca los engaños de la imaginación. Fallimur opinione

Empresa 47
Los que se introducen con especie de virtud. Et iuvisse nocet

Empresa 48
O con la adulación y lisonja. Sub luce lues
Cómo se ha de haber el príncipe con sus ministros

Empresa 49
Dé a sus ministros prestada la autoridad. Lumine solis

Empresa 50
Teniéndolos tan sujetos a sus desdenes como a sus favores. Iovi et fulmini

Empresa 51
Siempre con ojos la confianza. Fide et diffide

Empresa 52
Porque los malos ministros son más dañosos en los puestos mayores. Más que en la tierra nocivo

Empresa 53
En ellos ejercitan su avaricia. Custodiunt, non carpunt

Empresa 54
Y quieren más pender de sí mismos que del príncipe. A se pendet

Empresa 55
Los consejeros son ojos del cetro. His praevide et provide

Empresa 56
Y los secretarios el compás del príncipe. Qui a secretis ab omnibus

Empresa 57
Unos y otros sean ruedas del reloj del gobierno, no la mano. Uni reddatur

Empresa 58
Entonces hágales muchos honores, sin menoscabar los propios. Sin pérdida de su luz ha de haber el príncipe en el gobierno de sus estados

Empresa 59
Para adquirir y conservar, es menester el consejo y el brazo. Col senno e con la mano

Empresa 60
Advirtiendo el príncipe que, si no crece el Estado, mengua. O subir o bajar

Empresa 61
Reconozca sus cuerdas y procure que las mayores consuenen con las menores. Maiora minoribus consonant

Empresa 62
Sin que se penetre el artificio de su armonía. Nulli patet

Empresa 63
Atienda en las resoluciones a los principios y fines. Consule utrique

Empresa 64
Siendo tardo en consultarlas y veloz en ejecutarlas. Resolver y ejecutar

Empresa 65
Corrijan los errores, antes que en sí mismos se multipliquen. De un error muchos

Empresa 66
Trate de poblar su Estado, y de criar sujetos al magistrado. Ex fascibus fasces

Empresa 67
No agrave con tributos los Estados. Poda, no corta

Empresa 68
Introduzca el trato y comercio, polos de las Repúblicas. His polis

Empresa 69
Haciéndose dueño de la guerra y de la paz con el acero y el oro. Ferro et auro

Empresa 70
No divida entre sus hijos los Estados. Dum scinditur, frangor

Empresa 71
Todo lo vence el trabajo. Labor omnia vincit

Empresa 72
Interpuesto el reposo para renovar las fuerzas. Vires alit
Cómo se ha de haber el príncipe en los males internos y externos de sus estados

Empresa 73
Las sediciones se vencen con la celeridad y con la división. Compressa quiescunt

Empresa 74
La guerra se ha de emprender para sustentar la paz. In fulcrum pacis

Empresa 75
Quien siembra discordias, coge guerras. Bellum colligit qui discordias seminat

Empresa 76
La mala intención de los ministros las causa. Llegan de luz y salen de fuego

Empresa 77
Y las vistas entre los príncipes. Praesentia nocet

Empresa 78
Con pretextos aparentes se disfrazan. Formosa superne

Empresa 79
Tales designios se han de vencer. Consilia consiliis frustrantur

Empresa 80
Previniendo antes de la ocasión. In arena et ante arenam

Empresa 81
Y pensando el valor de las fuerzas. Quid valeant vires

Empresa 82
Puesta la gala en las armas. Decus in armis

Empresa 83
Porque de su ejercicio pende la conservación de los Estados. Me combaten y defienden

Empresa 84
Obre más el consejo que la fuerza. Plura consilio quam vi

Empresa 85
Huyendo el príncipe de los consejos medios. Consilia media fugienda

Empresa 86
Asista a las guerras de su Estado. Rebus adest

Empresa 87
Llevando entendido que florecen las armas, cuando Dios les asiste. Auspice Deo

Empresa 88
Que conviene hacer voluntarios sus eternos decretos. Volentes trahimur

Empresa 89
Que la concordia lo vence todo. Concordiae cedunt

Empresa 90
Que la diversión es el mayor ardid. Disiunctis viribus

Empresa 91
Que no se debe fiar de amigos reconciliados. No se suelda

Empresa 92
Que suele ser dañosa la protección. Protegen, pero destruyen

Empresa 93
Que son peligrosas las confederaciones con herejes. Impia foedera

Empresa 94
La tiara pontificia a todos ha de lucir igualmente. Librata refulget

Empresa 95
La neutralidad ni da amigos ni gana enemigos. Neutri adhaerendum
Cómo se ha de haber el príncipe en las victorias y tratados de paz

Empresa 96
En la victoria esté viva la memoria de la fortuna adversa. Memor adversae. [Citra pulverem, y Vencer y velar]

Empresa 97
Procurando el vencedor quedar más fuerte con los despojos. Fortior spoliis

Empresa 98
Y haciendo debajo del escudo la paz. Sub clypeo

Empresa 99
Cuya dulzura es fruto de la guerra. Merces belli [Hic explicat opes]
Cómo se ha de haber el príncipe en la vejez

Empresa 100
Advierte que las últimas acciones son las que coronan su gobierno. Qui legitime

Empresa 101
Y pronostican cuál será el sucesor. Futurum indicat
Y que es igual a todos en los ultrajes de la muerte. Ludibria mortis

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