LAS MANTIS


Estos feroces insectos, presentes en casi todo el planeta, son maestros del disfraz, del que se valen para desorientar a sus presas, aunque no siempre logran eludir a sus depredadores. Texto y fotografías de Mark W. Moffett
Esta mantis que encontré en África Occidental parece casi humana. Sus ojos estaban atentos y tenía la cabeza inclinada, como observándome. Pero es una auténtica amenaza para cualquier presa que se ponga al alcance de sus enormes patas anteriores, capaces de cerrarse como una trampa para osos. La mayoría de las cerca de 1.800 especies de mantis pasan el tiempo quietas y aguardando, aparentemente como si estuvieran orando. En realidad, como pude comprobar mientras iba en su busca a través de cuatro continentes, figuran entre los cazadores más hábiles del mundo de los insectos. El camuflaje, un arte entre las mantis, sirve para cazar y eludir a los depredadores. Una mantis ecuatoriana adopta el color y la textura del liquen de la rama de la que cuelga; tiene las patas anteriores flexionadas debajo de la cabeza, a la izquierda, pero las antenas la delatan. Una joven mantis flor birmana se confunde con los estambres de una flor. Las mantis se camuflan con las hojas, la hierba, las ramas, las piedras e incluso las hormigas.


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