LA MENTE


Lo que sucede en el interior del cráneo de un ser humano es mucho más complejo y extraordinario de lo que nadie podía llegar a imaginar. Ahora la ciencia está profundizando en el conocimiento de nuestra mente, en su fisiología y su funcionamiento. Por James Shreeve; Fotografías de Cary Wolinsky
Los antiguos egipcios tenían una opinión tan pobre de la materia encefálica que cuando sus gobernantes fallecían y preparaban sus cuerpos para darles sepultura, solían retirarla a cucharadas por la nariz antes de rellenar el cráneo con vendas. Creían que la conciencia residía en el corazón, opinión compartida por Aristóteles y por una larga lista de pensadores medievales. Incluso cuando el consenso en cuanto a la localización del pensamiento se desplazó hacia la cabeza, no se atribuyó el mérito al cerebro, sino a los espacios vacíos de su interior, llamados ventrículos, donde supuestamente se concentraban los cuatro humores corporales. Todavía en 1662, el filósofo Henry More expresó su desprecio hacia este órgano diciendo que no tenía «más capacidad de pensamiento que un trozo de sebo». Hacia la misma época, el filósofo francés René Descartes consagró la separación entre el pensamiento consciente y la materia física del cerebro. El dualismo cartesiano ejerció una poderosa influencia sobre la ciencia occidental durante siglos y, si bien hoy la mayoría de los científicos lo rechaza, aún alimenta la creencia popular de la mente como entidad mágica y trascendente.


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