HIERBAS EN BUSCA DE LA SALUD


Según la tradición hinduista, hace más de tres milenios, cuando los siete sabios ya no soportaban ver el sufrimiento de la humanidad, peregrinaron al pie del Himalaya para pedir ayuda a las divinidades. El dios supremo, Brahma, que supervisa el universo con sus cuatro cabezas, escribió en 100.000 versos el Ayurveda, la ciencia para vivir en armonía con las leyes cósmicas y conservar la salud física, mental y espiritual. A través de una cadena de mensajeros divinos, la sagrada enseñanza llegó finalmente al médico de los dioses, Dhanvatari, que la entregó a los sabios que aguardaban llenos de esperanza.Estos conocimientos fueron transmitidos oralmente de generación en generación hasta que entre los años 700 y 600 antes de Cristo, los eruditos Charaka y Sushruta escribieron sendos tratados sobre medicina general, cirugía y poderes curativos de las hierbas. A este respecto, cuenta la leyenda que el gran Sushruta envió a sus discípulos para que recolectaran tantas plantas inútiles como pudieran. El primero le trajo mil; el segundo, cien; el tercero, diez; y el cuarto, una sola. Jevaka, el alumno preferido de Sushruta, volvió después de muchas semanas, harapiento, desesperado y sin una sola hierbecita. Sush-ruta lo declaró ganador diciendo: “Todas las plantas son eficaces, porque cualquier cosa que ingiera una persona cambia su energía básica”. Con la base de los escritos de estos académicos y otros posteriores, el Ayurveda sigue impartiéndose hoy día en centenares de universidades y hospitales del Subcontinente y Sri Lanka y es practicado por más de 300.000 médicos, sobre todo en las regiones rurales. Su éxito actual en los países occidentales ha provocado una recuperación en las zonas de origen. Los “urbanitas” y las familias hindúes de clase alta vuelven a creer en la medicina tradicional, después de que durante largo tiempo sólo confiaran en la moderna. Cuando el calor de la noche todavía anida en la jungla, Karunadasa emprende el camino. Empuja su bicicleta por la aldea silenciosa, siguiendo el sendero hacia el río. Un simple paño le cubre la cadera y lleva varias bolsas de lino colgando del hombro. Se agacha, mete la mano en el follaje, se huele los dedos, arranca trozos de corteza, los palpa, revuelve la tierra en busca de raíces, las pesa con las manos y va llenando las bolsas. Después entrega su fragante materia prima en Sri Budhasa, uno de los muchos centros de terapias de la costa occidental de Sri Lanka. Se encuentra a dos horas en bicicleta de su cabaña. Desde hace quince años ofrece tratamientos acordes con las antiguas enseñanzas del Ayurveda, “la ciencia de la vida”, según la traducción de la palabra sánscrita.

El padabhyanga o masaje en los pies fortalece los sentidos y actúa positivamente contra el insomnio, el nerviosismo y la extenuación.


LOS CONOCIMIENTOS BOTÁNICOS DE KARUNADASA son muy codiciados. Su jefa, una médica generalista suiza propietaria del centro de Sri Budhasa, se llama Rita Albiez. Su primer contacto con la medicina india se produjo hace 23 años en un viaje. Durante mucho tiempo había buscado un complemento para la medicina occidental, y aquí por fin encontró un “sistema razonable y practicable”. – El Ayurveda se basa en la experiencia. Por eso, yo no puedo considerarme una verdadera vaidya –comenta. Su vaidya, como se denomina a los especialistas de este tipo de saber, se llama Cooray Vidyashejara, y tiene 68 años. Durante mucho tiempo fue jefe del Hospital Universitario Ayurvédico, en Colombo, la capital isleña. Tres veces por semana trata a los pacientes de Sri Budhasa, algunos llegados desde lejos, con líquidos, tinturas, aceites, polvos, ungüentos y pastillas, todo fabricado con los ingredientes que le entrega el recolector de plantas. Sentado detrás de su escritorio y con una bata blanca cerrada hasta el cuello, el médico recita los nombres de las plantas en latín o sánscrito. En esta última lengua también entona versos de los grandes maestros. Habla del “poder de la naturaleza” y de la “cascada del sufrimiento” y explica la fórmula básica de la medicina tradicional india: cada dolencia comienza lentamente, a hurtadillas, y resulta de actitudes y comportamientos erróneos, de abusar del cuerpo, la mente o los sentidos.


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