NEOTENIA


¿Qué tienen en común el consejero delegado de una empresa y un niño? La última moda relacionada con el liderazgo lo explica.

Cuando el consejero delegado de su empresa le sonríe, ¿empieza a inundarse su sistema de una hormona de bienestar que le calma y alivia el estrés? Si es así, no se preocupe, no es una señal de que hay algo entre ustedes, sino una demostración de que las cosas funcionan como deberían. Su CEO simplemente conoce cuál es la nueva forma de tratar a sus ejecutivos: la neotenia.La neotenia es un elemento nuevo a añadir al diccionario del liderazgo. El término ha sido acuñado por Warren Bennis y Robert Thomas en su libro Geeks and Geezers. Lo han rescatado de la oscuridad de los libros de texto de biología y le han dado nueva vida. La neotenia significa "conservación de características juveniles en los adultos de una especie" y Bennis y Thomas han decidido que esta característica de la eterna juventud es la que distingue al CEO oveja de las cabras.Estoy bastante convencida de que la neotenia va a ser algo grande y mi convencimiento se basa en el respaldo científico a la idea. Ésta es una forma bastante segura de dar credibilidad a cualquier nueva teoría de gestión. Basta con pensar en lo que las descripciones de las amígdalas y las neuronas hicieron por el libro de Daniel Goleman, Inteligencia Emocional.En el caso de la neotenia, los autores explican cómo un niño que sonríe produce en el adulto una hormona calmante denominada oxitocina, un antídoto para la hormona del estrés. Lo mismo ocurre con el CEO neoténico (si es que el adjetivo es apropiado).Otras pruebas científicas del poder de la neotenia se ofrecen en un viaje evolutivo a través de los lobos y los perros. Aparentemente, es el carácter de mascota de los lobos ancianos lo que les permite evolucionar en perros. Debo confesar que me ha costado mucho ver la relación. Apenas puedo encontrar un paralelismo entre un niño sonriente y el CEO. ¿Por qué nos deshacemos ante la sonrisa de un niño? Porque es achuchable, tiene la piel suave y no puede contestar. La historia del lobo hace que suenen más las campanas, pero por razones equivocadas.Existen, por supuesto, algunas características juveniles que poseen muchos altos ejecutivos. Son poco dados a compartir, tienen tendencia a enfadarse si no consiguen lo que quieren y creen que ellos solos son el centro del universo. Y una falta de sensibilidad con respecto a los sentimientos de los demás. Pero esto no es lo que los autores tienen en mente. Han decidido que la neotenia representa las características de la juventud, como el amor al aprendizaje de por vida y la "confianza en que el mundo es un lugar lleno de cosas maravillosas".Estas características están muy bien, pero no sólo escasean entre los CEOs, sino que tampoco las poseen los niños. ¿Amor por aprender durante toda la vida? No lo creo. Y en cuanto a la confianza en las maravillas del mundo, no he podido ver pruebas evidentes de ello en las caras de los niños que empiezan el colegio esta semana.El arte de escucharEn la redacción de Financial Times tenemos un nuevo colega con altas responsabilidades. Yo no trabajo con él directamente. Mi único contacto ha sido enseñarle la cafetería. Sin embargo, hace una semana un periódico británico decía que el nuevo chico se estaba comportando de forma rara. El hombre, decía el periódico, pasó su primera semana dando vueltas, hablando con la gente y escribiendo lo que decían. Siniestro, sin duda.Sin embargo, seguramente, lo mejor que se puede hacer los primeros días de un nuevo trabajo es escuchar. Aún mejor: que vean que escuchas. Hay toda una industria alrededor de las "técnicas activas para escuchar": al escuchante se le enseña a fijarse en el lenguaje corporal de la otra persona y a inclinar la cabeza hacia a un lado y asentir. Estas técnicas siempre me han parecido desafortunadas: siempre que alguien me escucha de esa forma, me siento como la paciente de un psiquiatra.El sencillo arte de escribir palabras es una forma mejor de escuchar. Desgraciadamente, ha perdido el favor del público. Escribir palabras no significa, por supuesto, que estés escuchando, ni que estés de acuerdo con lo que oyes. Pero esto no viene al caso. Resulta profundamente halagador que alguien escriba lo que estás diciendo. Tristemente, a mí sólo me ha ocurrido dos veces y me gustó tanto que ambas las recuerdo con claridad.Sin embargo, el nuevo chico no ha venido a preguntarme nada. Y como no ha visto la necesidad de escribir mis opiniones, me he tomado la libertad de hacerlo por él.

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