LA SUERTE


Los científicos descubren todas las claves para tener la fortuna de cara

¡Fuera amuletos y supersticiones! Psicólogos y sociólogos coinciden: sólo de nuestra propia actitud depende que nos sonría la fortuna.

Con estrella o estrellado


Las personas afortunadas consiguen el trabajo de sus sueños, encuentran la pareja perfecta y dan con los mejores amigos que se pueda pedir. Pero tras su buena estrella no está ni el Destino ni el azar. Ellas mismas, a menudo inconscientemente, han construido su propia
buena suerte.
Entre sus amigos, Joan tenía fama de cenizo. En menos de tres días, su novia le había plantado por su amigo de toda la vida, sus jefes le habían concedido un traslado al destartalado despacho del semisótano –un magnífico habitáculo de 2x2 con vistas al muro del patio– y su gato había aprovechado el momento para practicar el salto de altura desde la ventana de su apartamento, en un octavo piso. El gato, además, había demostrado experimentalmente que eso de las siete vidas era, en realidad, un cuento chino. Pero aquella mañana, Joan creía tener un buen motivo para pensar que su suerte, por fin, iba a cambiar. Allí mismo, bajo la mesa del despacho, relucía una brillante moneda de un euro. “Ahí está –pensó nuestro hombre–, el euro de la suerte”, y con un rápido movimiento se lanzó a por él. En su entusiasmo, Joan no percibió que la mesa era algo más ancha por aquel lado, así que cuando alzó la cabeza se golpeó violentamente. Un compañero lo encontró inconsciente unos minutos después. La moneda, por cierto, había desaparecido.

¿Acaso el Destino juega con el bueno de Joan? ¿Paga los pecados de una vida anterior? ¿Olvidó la pata de conejo en casa? En absoluto. Tras su aparente mala suerte no se esconde un pavoroso hado, ni ha sido víctima de un funesto mal de ojo, porque la fortuna, en definitiva, depende de nosotros mismos. Eso al menos es lo que sostiene el psicólogo Richard Wiseman, autor de un más que curioso estudio sobre este fenómeno.

Símbolo universal de la buena suerte

Uno de cada 10.000 tréboles –Trifolium repens– posee cuatro hojas, quizá la única mutación genética con buena reputación.

La ciega Fortuna de Occidente

En la Roma clásica se creía que la Fortuna –arriba, en un cuadro de Guido Reni– otorgaba sus favores
al azar y no a quienes lo merecían.

Una imagen oriental de la prosperidad

En la mitología hindú, la diosa Lakshmi, una de las más reverenciadas por esta religión, encarna la buena fortuna, la riqueza
y la felicidad del hogar.

Nuestra actitud influye notablemente en ella

Tras diez años de investigaciones y centenares de experimentos, Wiseman no sólo afirma que dejar la suerte en manos de la superstición resulta ridículo, sino que con nuestra actitud podemos influir notablemente en que cambie para bien. Pero lo que el profesor Wiseman ha planteado ahora ante la comunidad científica lo intuían desde hace tiempo otros autores. Así, el prolífico dramaturgo Jacinto Benavente ya afirmaba hace casi un siglo que “todos creen que tener talento es cuestión de suerte; nadie piensa que la suerte pueda ser cuestión de talento”.

Hasta 19 entradas recoge el diccionario de la Real Academia sobre este fenómeno, que define desde “encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual” hasta “circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede”. Así, según Wiseman, nuestra Academia no puede estar más equivocada. Al menos desde cierto punto de vista.

La gente afortunada encuentra su pareja perfecta, obtiene lo que se propone en la vida y cumple sus objetivos con una pasmosa facilidad, aunque no sea especialmente inteligente ni tenga un determinado talento. Simplemente parece que estas personas se encontraran en el momento preciso y en el lugar adecuado para beneficiarse de todo lo bueno de la vida. ¿Azar, magia, fuerzas ocultas? “Nada de eso”, sostiene Wiseman. “Sólo los supersticiosos creen que alguien nace con estrella o estrellado.”

Gobernados durante siglos por la superstición

En un artículo publicado en la revista Skeptical Inquirer, este profesor de Psicología afirma que las personas han buscado durante siglos una vía eficaz para llevar la buena fortuna a sus vidas como, por ejemplo, usar amuletos, desde patas de conejo hasta herraduras. Según este autor, “estas creencias perviven aún hoy por el increíble poder de la suerte, un poder que la gente reconoce capaz de transformar las vidas de las personas”. Y es que nuestra percepción nos indica que unos momentos de mala fortuna bastan para que se pierdan años de trabajo. Y ahí es donde entra en juego la superstición, como un modo irracional de atraer la esquiva buena suerte. Su influencia es tal que, según un estudio del doctor Kenji Hira, del Departamento de Medicina General y Epidemiología Clínica de la Universidad de Kioto, las convicciones de algunos pacientes en Japón sobre el día más o menos afortunado en el que tendrían que abandonar el hospital han aumentado enormemente los gastos del sistema nacional público japonés. Aun así, Hira reconoce que en ciertos casos el efecto psicológico que causa ignorar las supersticiones es considerable en algunos enfermos.

La suerte y todos los mitos que la rodean contribuyen a explicar lo incomprensible y, por tanto, han pervivido como un intento de control de este elusivo factor. Conseguirlo sería perfecto, si no fuera por un hecho indiscutible: la superstición no funciona. Según Wiseman, esto es así porque estas falsas creencias se basan en una forma incorrecta de pensar. “Provienen de una época en la que las personas creían que la suerte era una extraña fuerza que sólo podía ser controlada mediante extraños rituales”, señala.

El maldito gato negro pasa por el laboratorio

Mark Levin, uno de los miembros de la Asociación de Escépticos de Nueva York, llevó a cabo un curioso experimento para demostrar que los denostados gatos negros son de lo más inofensivo en lo que a la suerte se refiere. Para confirmarlo, Levin pidió a dos personas que practicaran un sencillo juego consistente en arrojar unas monedas al aire. Luego, se hizo que un gato negro se cruzara frente a uno de los participantes y se continuó el juego. Más tarde se hizo lo mismo con un gato blanco. Por supuesto, ninguno de los dos felinos afectó en absoluto el desarrollo de la prueba. Tampoco romper espejos ni caminar bajo una escalera traerá peores consecuencias que el peligro físico que puede entrañar estas acciones.

¿Entonces, cuál es el secreto que tan celosamente guardan los suertudos? En realidad, la gente a la que consideramos afortunada encuentra todo tipo de oportunidades, mientras que quienes parecen no tener buena suerte son incapaces de hallarlas.

Alex Rovira y Fernando Trías de Bes, dos profesores de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), recogen este principio en su obra de reciente aparición La Buena Suerte: claves para la Prosperidad. En su trabajo, ambos expertos concluyen que “la buena suerte únicamente consiste en crear circunstancias, por lo que solamente depende de nosotros y, así, nunca llega a nuestras manos por casualidad”. Según indican Rovira y Trías de Bes como colofón a su ensayo, el problema es que “muchos son los que quieren tenerla, pero pocos los que de verdad deciden ir a por ella”.

Especialistas en saber aprovechar las oportunidadesLas personas afortunadas utilizan, aunque sea sin saberlo, una serie de estrategias: tienen un espíritu constructivo, están más abiertos a los demás y poseen una cierta habilidad para crear oportunidades y seguir su intuición. Wiseman, decidido a demostrarlo, llevó a cabo un experimento en el que se proponía a un grupo de voluntarios que contaran el número de fotografías que aparecía en un periódico. Inmediatamente todos se pusieron a la tarea, pero mientras que los poco afortunados tardaban algo más de dos minutos en completarla, los afortunados concluían la misión en unos segundos. Simplemente habían visto que en la segunda página un gran anuncio proclamaba: “deje de contar, el periódico tiene 43 fotografías”. A continuación, Wiseman hizo lo mismo, pero sustituyó el mensaje por otro en el que se leía: “deje de contar, diga al controlador que ha visto este anuncio y ganará 250 dólares”. Una vez más, sólo algunos lo detectaron. En realidad, los que estaban más tensos y preocupados por contar las imágenes lo pasaron por alto.La buena predisposición es un factor importante en lo que se refiere a la buena suerte. Tanto es así, que incluso hay una cierta verdad en aquello de que las personas supersticiosas deberían quedarse en casa los días que les da mal fario. Según Wiseman, “las personas supersticiosas que creen firmemente que son poco afortunadas realmente se sentirán más tensas ciertos días. Con total seguridad se sentirán estresadas, conducirán peor, posiblemente estarán más distraídas y serán más propensas a tener un accidente”. La mala suerte es consecuencia de la conducta de uno mismo. Además, su ansiedad contribuirá a que no adviertan lo inesperado, así que también pasarán por alto las oportunidades que les surjan.Cuanto más preocupado esté, peor suerte tendráY es que las personas tienen mala suerte sencillamente porque o no ven las buenas ocasiones que aparecen a diario a su alrededor o las desaprovechan. Así, alguien puede ir a una fiesta tan preocupado por encontrar a su pareja perfecta que seguramente no se dará cuenta de que podría hacer buenos amigos. Otros buscarán en un periódico el trabajo que les obsesiona sin prestar atención a otras ofertas que cambiarían su vida para mejor.Pero no se trata sólo de aprovechar oportunidades. También es importante si la percepción que tienen las personas de lo que les sucede es positiva o negativa. Por ejemplo, si un atracador dispara su arma y hiere a un cliente en el brazo, ¿éste se sentirá afortunado o desafortunado? Es cierto que podría no haberle dado, pero también es cierto que podría haber muerto. Una persona a la que sus vecinos consideraran afortunada pensaría que se ha librado de una buena y que incluso podría vender la exclusiva y sacar algún dinero. La primera Escuela de la Fortuna abre sus puertas
Un número demonizadoEl 13 es una cifra de pésima reputación. La tradición cristiana lo asocia a Judas, el decimotercer invitado a la Última Cena –arriba, según Da Vinci–. En España, es fatídico si además es martes, día dedicado al dios de la guerra.
En las clases de la Escuela de la Fortuna fundada por el doctor Wiseman en la Universidad de Hertfordshire se aprende que uno es el dueño de su propia suerte y que, a diferencia de lo que mucha gente cree, las personas no nacen afortunadas o desafortunadas. Allí se enseña que quienes piensan que no hay nada que hacer para remediar la fortuna de cada uno están equivocados, que no es posible influir en la suerte con talismanes o sortilegios, sino con una mejor predisposición hacia la vida, y que nada ni nadie controla la fortuna de los demás, ni se la da, ni se la quita. Wiseman pensó que lo aprendido durante sus 10 años de investigaciones podría ser utilizado por la gente para incrementar su propia cantidad de suerte. Y así, en la Escuela de la Fortuna se practican distintos ejercicios encaminados a aumentarla y a hacer que cualquier persona piense y se comporte como si fuera un verdadero suertudo. Durante un mes, los expertos de las escuela preparan a los estudiantes para aprovechar las oportunidades, para romper la rutina diaria y, en definitiva, para “cambiar el chip” por uno más positivo. Al final, según indica el propio Wiseman, más del 80 por 100 de los asistentes declara sentirse mejor y más afortunado. Wiseman es rotundo: “Percibir que la suerte depende de nuestra razón junto con una dosis de ciencia y sano escepticismo puede ser muy positivo en nuestras vidas”.

Los cuatro principios de la buena fortuna

Cada uno construye con su actitud su propia suerte. Ésta no depende del azar.
En su obra Nadie nace con suerte, el psicólogo Richard Wiseman sostiene que la buena suerte se asienta sobre estos cuatro pilares:

Las oportunidades: las personas afortunadas mantienen una actitud más relajada y están más abiertas a las nuevas experiencias.


La intuición: los suertudos a menudo se guían por ella.


La esperanza: las personas que consideramos afortunadas esperan alcanzar lo que se proponen, cumplir sus sueños y que su “buena estrella” también se mantenga en el futuro.


La transformación: es posible transformar la mala suerte en buena siendo más constructivo y atendiendo al lado positivo de las cosas.

Aún hay quien evita cruzarse con uno

En la Edad Media, los gatos negros fueron relacionados con el diablo y exterminados. Los marineros, sin embargo, creían que traían suerte en las travesías, pero sólo si no se decía la palabra “gato”.

Condenado a siete años de mala suerte

Una antigua creencia asumía que la imagen reflejada en un espejo era el doble o el alma de quien lo usaba. Así, romperlo es de lo más funesto para los crédulos.

Guía rápida para tener suerte (sin talismanes)

Un mito otorga a las herraduras el poder de atraer la suerte e impedir al diablo entrar en las casas.

Si deja de lamentar su mala fortuna, “cambia el chip” y sigue estas cinco sencillas pautas, sin duda pronto tendrá de su parte el factor suerte.Haga caso a sus presentimientos: seguramente acertará.Ábrase a nuevas experiencias y rompa la rutina.Dedique unos minutos al día a recordar los momentos positivos de su vida.Imagine que el encuentro o el reto que le espera tendrá un buen desenlace. Una buena predisposición suele “atraer” la suerte.Y si, pese a todo, algo va mal, piense que quizá incluso así ha podido ser afortunado. Recuerde que seguramente las cosas podrían haber ido peor.

El éxito en el amor no depende de la suerte

Por mucho que lo predigan las galletas de la fortuna, la pareja perfecta no llega a nuestras vidas así como así. Si no ponemos los medios, nunca daremos con ella.

Desde su despacho en la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), el doctor Wiseman recuerda que las personas afortunadas que parecen haber encontrado la pareja perfecta ni recurren a hechizos ni están bendecidas por los astros. En realidad, son más extrovertidas y conocen más gente, con lo que aumentan sus posibilidades de éxito. Además, aunque sea inconscientemente, se centran en individuos con gustos más afines y un perfil psicológico similar.


Y es que, según Wiseman, el dicho que asegura que los opuestos se atraen es falso. “Cuanto mayor es el parecido en creencias, valores, inteligencia y nivel cultural, más exitosa y duradera será la relación”, indica. Compruebe su compatibilidadA través de su página web (http://luckfactor.co.uk), Wiseman propone un sencillo test para calcular la compatibilidad potencial de una pareja.En él, cada miembro de la misma debe asignar una puntuación entre 1 a 5 a cada propuesta. El 1 representa un total desacuerdo con lo que se indica; el 2, un cierto desacuerdo; el 3, un “no estoy seguro”; el 4, una predisposición positiva; y el 5, un total acuerdo. Luego se calcula la diferencia total entre lo respondido por ambos y, por último, se comprueba el resultado en la tabla del final. Siga el siguiente ejemplo.

Qué le parece
Qué le parecea su pareja
Diferencia
A veces entablo conversación con desconocidos en el supermercado, el banco u otros lugares públicos
1
2
1
No suele preocuparme el futuro
3
4
1
Estoy abierto/a a nuevas experiencias
4
2
2
A menudo me dejo guiar por mi voz interior
2
1
1
Casi siempre espero que el futuro me deparará buenas cosas
5
5
0
Incluso cuando tengo malas experiencias creo que serán positivas a largo plazo
2
2
0
Intento aprender de los errores del pasado
5
1
4
Diferencia total
9
Resultados: Diferencia entre 0 y 10: gran afinidad. Entre 11 y 21: afinidad normal. Entre 22 y 28: baja afinidad.

Tocados por la buena estrella

Si cree que le ronda la mala suerte piense que quizá no sea para tanto. Seguramente todo podría irle peor.

Los expertos coinciden: si ha vivido una mala experiencia o si cree que la mala fortuna le persigue, céntrese en la parte positiva del asunto y, sobre todo, piense que, seguramente, las cosas podrían haber sido peor. A los protagonistas de estos casos –todos reales– les pasó algo parecido. Y es que, en ocasiones, es difícil concretar si una persona ha tenido mala suerte o si, después de todo, fue afortunada.

Entre 1942 y 1976, Roy C. Sullivan, un guarda del Parque Nacional Shenandoah, en Virginia (EE UU), fue alcanzado en siete ocasiones por un rayo. Aunque no lo parezca, Sullivan no fue especialmente desafortunado: sobrevivió a todas las descargas.

El 26 de enero de 1972, un avión DC-9 en ruta desde Copenhague a Zagreb explotó a 10.160 metros de altura. Los 29 pasajeros y casi toda la tripulación fallecieron. Milagrosamente, una de las azafatas, Vesna Vulovic, sólo sufrió la rotura de ambas piernas y una parálisis temporal de la que se recuperó. Ella, sin embargo, no se considera afortunada. Sobre todo porque no debería haber estado allí: una confusión con su apellido colocó en aquel vuelo a Vulovic, que aún ostenta el récord de supervivencia a la caída desde la mayor altura sin paracaídas.Los médicos creían que Michael Hill no sobreviviría: un machete con una hoja de 20 centímetros de largo le había atravesado el cráneo. Para su sorpresa, Michael se recuperó al día siguiente, aunque presentaba una parálisis en la mano izquierda. Aun así, afirma que las secuelas no le preocupan y señala: “conozco a gente que está peor que yo. Soy un tipo con suerte”.No deje pasar las oportunidadesA menudo, la suerte se topa con los que aprovechan el más mínimo indicio de que una oportunidad les ronda. Es el caso de Barnett Helzberg Jr., propietario de una próspera cadena de joyerías. Un día, mientras paseaba por los alrededores del Hotel Plaza, en Nueva York, escuchó cómo se dirigían al hombre que caminaba a su lado como “Señor Buffett”. Helzberg, que ya había cumplido 60 años y estaba pensando en deshacerse de sus tiendas, se preguntó si en realidad aquel desconocido sería Warren Buffett, uno de los mayores inversores de EE UU. Aunque no le conocía de nada, se presentó y entabló conversación con aquel extraño, que resultó ser el verdadero W. Buffett, el mismo que un año más tarde compró su cadena de establecimientos.

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