FELICIDAD


La nueva psicología positiva nos ayuda a conseguirlo.

La alegría ha entrado en el laboratorio. Gracias a las nuevas tendencias de la psicología todos podemos aprender a ser optimistas y disfrutar de la vida.
Conozca las teorías de la felicidad que hacen furor entre los psicólogos.

Sentirse bien, nuestro máximo deseo, está de moda. Y cada vez son más los científicos que dirigen sus esfuerzos hacia el estudio de conceptos tan agradables como bienestar, calidad de vida, optimismo, placer, fortaleza o virtud que, aunque parezca extraño, han sido los grandes ausentes de la investigación psicológica y biomédica durante décadas.
Obsesionados con curar males y aliviar dolores, daba la sensación de que los médicos y psicólogos se habían olvidado de dotar a sus pacientes del andamiaje necesario para disfrutar de la vida, incluso cuando no se está enfermo.
El olvido es espectacular. Un repaso a los artículos publicados en las revistas de psicología más importantes del mundo durante los últimos 30 años muestra que, mientras la depresión merece 50.040 estudios, la alegría sólo ha dado lugar a 415 títulos. Se calcula que en el mundo occidental sólo se destina el 2 por 100 del presupuesto sanitario a estudiar las funciones del organismo física y mentalmente sano, el resto está dedicado a combatir los males del enfermo. Es decir, tradicionalmente las ciencias de la salud se han convertido, en realidad, en ciencias del malestar.

Más común de lo que parece
Los tests psicológicos demuestran que la mayoría de la gente se considera feliz y que respondemos con rapidez a estímulos optimistas.

Calidad de vida: el concepto recuperado

Pero, por fortuna, las cosas están cambiando y una nueva ola de optimismo parece avivar los laboratorios y los centros de investigación de todo el mundo.
“Lógicamente –dice Carmelo Vázquez, profesor de psicología de la Universidad Complutense de Madrid– el primer objetivo del médico y del psicólogo es curar la enfermedad y aliviar el dolor. Pero desde los años 80 se está experimentando un cambio de criterio.” Por ejemplo, el concepto calidad de vida empieza a saltar a las revistas científicas con toda naturalidad. Antes de 1980 había 15 o 20 artículos al año sobre este tema. Ahora, se editan entre 3.500 y 4.000.
Quizás sea la ciencia de la mente la disciplina pionera en este cambio de rumbo. No en vano, en los últimos años se ha acuñado un nuevo término, psicología positiva, para designar al conjunto de investigaciones, técnicas y terapias destinadas a hacer la vida de la gente más llevadera.
Uno de los impulsores de esta nueva corriente a nivel mundial es Martin Seligman, presidente de la American Psychological Association. Seligman cuenta una anécdota reveladora de hasta qué punto los psicólogos habían desterrado el optimismo de los laboratorios: “Una distinguida politóloga –dice– realizó una biografía de Eleanor Roosevelt en la que explicaba su proverbial lucha por la justicia y su altruismo como un intento de compensar el alcoholismo de su padre y el narcisismo de su madre. ¡No se planteaba la posibilidad de que fuera simplemente una persona virtuosa, pensaba que su virtud era consecuencia de un trauma!”.
Seligman opina que lo que él llama “psicología de la enfermedad”, se ha centrado en investigar los múltiples efectos negativos del aislamiento, los malos tratos, la muerte prematura de los padres... pero ha sido ciega a la capacidad humana de crecimiento, energía, sabiduría o comprensión.


De ese modo, se ha creado una visión del individuo como un ser pasivo que se limita a responder ante estímulos externos y se deja consumir por conflictos no resueltos para cuya solución ha de acudir a la ayuda de otros.

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