DINOSAURIOS


REPTILES ANTIGUOS


Durante muchos millones de años, los reptiles fueron los animales más importantes de la tierra. Esa época se denomina Era de los reptiles. Muchos de los reptiles que entonces eran comunes se han extinguido.
Entre los primeros reptiles se contaban los pelicosaunos. Estos reptiles terrestres tenían grandes crestas sobre su lomo. Entre ellos se distinguen el estereorraquis europeo, temible carnicero, y el dimetrodón americano, que medía tres metros.
Los plesiosaurios eran reptiles acuáticos. Tenían un cuerpo alargado y achatado, un cuello muy largo y una cabeza diminuta. Sus patas tenían la forma de remos. Algunos de ellos llegaron a medir más de 15 metros de largo, aunque por lo común no pasaban de 7 u 8 metros. No eran veloces nadadores, pero dotados de dientes largos y puntiagudos, eran excelentes cazadores. Sobrevivieron hasta el final del Secundario, hace unos 700 millones de años.
lctiosaurio significa “reptil pez”. Como vemos en la figuras, este nombre es bien adecuado para esos animales. Los ictiosaurios eran mucho más grandes que los peces actuales. Nadaban rápidamente y también podían saltar. Aunque parecían perfectamente adaptados a la vida marina, desaparecieron antes de finalizar el Secundario.
Los
mosasaurios fueron unos lagartos marinos que existieron en muy diversas partes del mundo. Los más grandes medían de 9 a 12 metros de largo. Muy comunes durante el Cretáceo, fueron posiblemente los reptiles marinos más temibles,
También existieron en el Secundario reptiles voladores, llamados
pterosaurios (reptiles con alas). Se conocen fósiles del pterodáctilo, armado con poderosos dientes, y del pteranodón, el último de los pterosaurios, cuyas alas extendidas medían unos ocho metros.

Las aves descienden de los reptiles, pero no de los reptiles voladores, que no dejaron descendientes después del Jurásico. De todos los reptiles que vivieron en esa época, los dinosaurios son los más conocidos. Los más grandes de ellos fueron los animales más gigantescos que hayan vivido en la tierra.
Pero al final del Cretáceo, vastas planicies reemplazaron a los mares, que se secaban. Aparecieron grandes selvas, y este nuevo universo no convino a los dinosaurios, que no encontraban su alimento habitual. En realidad, incapaces dé adaptarse, desaparecieron poco a poco. La desaparición de los dinosaurios señala el fin de la Era de los reptiles.


LOS DINOSAURIOS


Los dinosaurios de los que existieron millares de especies, no vivieron todos en el mismo periodo geológico. Los científicos los dividen en dos órdenes: los ornitisquios reptiles herbívoros bípedos so cuadrúpedos que poseian a la vez pico y dientes y tenían pelvis semejantes a la de las aves, y los saurisquios , con pelvis de reptil, que comprendían a los terópodos, reptiles carnívoros de afilados dientes, con las patas delanteras relativamente cortas y terminadas en tres dedos con garras agudas, y los saurópodos, reptiles hervíboros cuadrúpedos de piel desnuda, cola larga, cabeza pequeña y talla gigantesca.

El cuadro muestra los principales grupos de dinosaurios y las épocas en que vivieron
Dinosaurio proviene del griego demos (terrible) y sauros (lagarto).
La palabra dinosaurio, que significa literalmente «lagarto terrible», fue acuñada en 1 842 por el pionero de la paleontología Richard Owen, uno de los primeros buscadores de dinosaurios. Con esta palabra, Owen denominó a los reptiles gigantes cuyos restos comenzaron a descubrirse en aquella época. Pero el mérito de su hallazgo no correspondió a este científico, sino a un médico aficionado a la geología, Gideon Mantell, que fue quien descubrió los restos de un animal enorme, con grandes dientes que, según él, eran del mismo tipo que los de los reptiles actuales. Llamó a aquel animal
Iguanodon, por su parecido con las iguanas modernas.
En su momento, el descubrimiento suscitó gran controversia, Algunos destacados paleontólogos, como Georges Cuvier, consideraban que se trataba de un rinoceronte prehistórico, y no de un tipo de reptil. Mantell tuvo que encontrar un esqueleto completo para que se aceptar a científicamente que se había descubierto un nuevo grupo de reptiles.
Los primeros dinosaurios eran bípedos y sus huellas fósiles fueron tomadas en principio como rastros de aves gigantescas.
Los dinosaurios de mayor tamaño eran mucho más grandes que cualquier animal terrestre de nuestros días. Los más pequeños, en cambio, no eran mucho más grandes que una gallina. Algunos eran pesados y de movimientos lentos; otros, ágiles y veloces.
Su pequeña cabeza dejaba poco espacio para el cerebro, por lo que éste era muy poco voluminoso.
El
brontosaurio (lagarto trueno) pesaba 35 toneladas y tenía un cerebro de 500 g. El cráneo de muchos de ellos tenía paredes muy gruesas.
Los saurópodos llevaban una vida semiacuática, pues pasaban sus días en pantanos y lagunas: el agua les ayudaba a soportar su enorme peso.
El
braquisaurio fue, sin duda, el mayor de los dinosaurios. Cuando adulto pesaba 50 toneladas y medía 25 metros de largo.
El diplodoco, un herbívoro menos pesado, era sin embargo más largo; llegaba a medir 30 m desde la cabeza hasta el extremo de la cola. Este dinosaurio, como varios otros, tenía en el nacimiento de la cola un ensanchamiento de la médula espinal, al que se atribuyó el papel de un “segundo cerebro”, y que controlaba los movimientos de la cola y de las patas. Esta disposición era muy útil para un animal de semejante tamaño. Supongamos que un dinosaurio carnívoro hubiera mordido la cola a un diplodoco: el mensaje de los nervios, desde la cola hasta el verdadero cerebro, y la respuesta de éste hubiesen exigido varios segundos durante los cuales el diplodoco habría sido, con seguridad, gravemente herido.
El estegosaurio, un herbívoro, tenía sobre el lomo y la cola una cresta de placas afiladas que lo protegían de los que querían atacarlo.
Algunos dinosaurios con cuernos, como el
tricerstops, tenían placas óseas sobre el cuello y otros estaban verdaderamente acorazados con placas óseas que recubrían hasta sus patas.
El más grande de los dinosaurios carnívoros fue el
tiranosaurio. Medía de 15 a 18 m de largo y su mandíbula presentaba dientes sumamente afilados.
El tracodón, un hervíboro inofensivo, era muy común al finalizar la Era de los reptiles. Algunos dinosaurios con pico de pato tenían sobre la cabeza una cresta de gran tamaño en la que podían almacenar aire, lo que les permitía permanecer sumergidos durante algún tiempo para alimentarse debajo del agua.
El
ornitomimo tenía, dejando de lado su cola, formas semejantes a las del avestruz. Sin embargo, no tenía plumas. Las aves descienden de los reptiles, pero no de los dinosaurios.
Los dinosaurios ponían huevos. Se han hallado huevos fósiles del protoceratops,(imagen) un pequeño dinosaurio con cuernos.

Descubrir fósiles de dinosaurios no es sencillo: son realmente escasos. Con frecuencia además, se encuentran esqueletos muy fragmentados que requieren de una gran labor de reconstrucción. Solo de forma excepcional se han hallado esqueletos completos.
La información que proporcionan los fósiles de esqueletos se complementa con la de otros tipos de fósiles, como los coprolitos (excrementos fosilizados), huevos y nido completos y huellas de pisadas (denominadas icnitas). Estos fósiles aportan, fundamentalmente, información la vida y el comportamiento de los dinosaurios.
Las técnicas actuales permiten reconstruir con bastante precisión cómo serían los dinosaurios. Se utilizan maquetas y reconstrucciones informáticas con programas de diseño tridimensional. No obstante, hay aspectos que son, y seguirán siendo, hipotéticos: Por ejemplo los colores y las texturas de la piel.



Existe cierta polémica acerca de la extinción de los dinosaurios. Según una de las teorías propuestas, los dinosaurios se extinguieron lentamente como consecuencia de los cambios medioambientales ocasionados por la retirada de los mares poco profundos a finales de la era de los dinosaurios. Sus defensores postulan que los dinosaurios fueron reduciéndose en variedad y número durante un periodo que duró varios millones de años.
Los recientes descubrimientos que indican el impacto de un gran asteroide o cometa en el límite entre el periodo cretácico y la era terciaria, hace unos 65 millones de años, han favorecido la hipótesis de que tal impacto podía haber desencadenado cambios climáticos que provocaron la extinción de los dinosaurios. Se supone que la mayor parte del territorio que comprende América del Norte y del Sur quedó absolutamente devastado por el fuego del impacto. Los efectos medioambientales que sufrió el planeta durante un largo periodo de tiempo fueron, en última instancia, más letales que el propio fuego. El polvo no dejó pasar la luz del sol durante varios meses.
El sulfuro quemado procedente del lugar del impacto, el vapor de agua y el cloro de los océanos, y el nitrógeno del aire se mezclaron y produjeron una intensa lluvia ácida que cayó sobre todo el planeta. Los científicos postulan que la oscuridad y la lluvia ácida detuvieron el crecimiento de las plantas y, como resultado de ella, tanto los dinosaurios herbívoros, que dependían de las plantas para alimentarse, como los carnívoros, que se alimentaban de los herbívoros, quedaron exterminados.
Por otro lado, es probable que sobrevivieran otros animales como ranas, lagartos, tortugas y mamíferos insectívoros de tamaño pequeño, que dependían de los organismos que se alimentaban de plantas en descomposición. Entre las pruebas que confirman esta teoría está el descubrimiento de un cráter de impacto de unos 200 km de diámetro en la península de Yucatán en México. En noviembre de 1998 se descubrió un pequeño fragmento de meteorito en el Pacífico que se ha relacionado con el cráter de Chicxulub (en la península de Yucatán) y con la extinción de los dinosaurios. El análisis geoquímico y petrográfico de este fragmento revela que no fue un cometa, sino un asteroide de más de 10 km de diámetro el que provocó, hace 65 millones de años, la desaparición de los dinosaurios. Este asteroide pudo provenir del cinturón de asteroides que giran entre las órbitas de Marte y Júpiter.


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